La condena a galeras

La galera, además de una nave con fines militares cumplía una misión adicional, se constituía como una suerte de presidio flotante. La condena a galeras fue en nuestro país extremadamente importante, ya que tenía como fin suministrar remeros a las escuadras de estos barcos que operaban en el Mediterráneo principalmente, motivado esto por la progresiva escasez de buenas boyas o remeros voluntarios, esto se debía a la paga escasa y el enorme volumen de trabajo. Así en 1535 (Novísima recopilación, Libro XII, título XL, ley I )  se obliga a todos los tribunales españoles a conmutar cualquier pena corporal que se debiera imponer a un reo ( como amputaciones) por el servicio en galeras, la pena de azotes supuso una excepción a esta regla que trataremos en profundidad más adelante.

Esquema de las partes de un Galera. Extraído de : La brujula azul

Esquema de las partes de un Galera. Extraído de : La brujula azul

Estos tribunales que debían imponer la condena a galeras fueron muchos y muy variados: alcaldes de Casa y Corte de Madrid, Corregidores, Alcaldes Mayores, Adelantados, Jueces de rentas de tabaco, inquisidores, Auditores de galeras, Alcaldes de crimen de las Chancillerías, etc.

El número de condenados por las Audiencias y Chancillerías es el más alto, superando ampliamente las condenas impuestas por los tribunales locales. La razón de esta diferencia se encuentra en el hecho de que la inmensa mayoría de condenados apelaba sus sentencias ya que se suspendía la ejecución de la pena hasta la resolución de la apelación. Esto motivo un gran número de apelaciones con fines meramente dilatorios, retrasando su entrada en la galera y posibilitando la huida. Ante esto se comenzó a enviar a los forzados a la embarcación antes de la resolución de la apelación en calidad de deposito hasta que en 1671 esta práctica fue declarada contraria a Derecho.

Obra llamada "Galeotes" de César Álvarez Dumont (1895), expuesta en el Museo Nacional del Prado.

Obra llamada “Galeotes” de César Álvarez Dumont (1895), expuesta en el Museo Nacional del Prado.

En cuanto a lo que se refiere a la jurisdicción militar, esta estuvo plagada de desigualdades de trato en cuanto al proceso, derivada del rango del procesado. La tropa podía recurrir la sentencia del consejo de guerra de su regimiento ante el supremo consejo de guerra y en última instancia ante el rey.

En lo que se refiere a las condenas a galeras por parte de la inquisición, fueron una minoria dentreo de las mismas, destacando dos delitos sobre el resto, el de bigamia y blasfemia, que fueron los que motivaron la mayoría de las condenas a galeras por parte del santo oficio. Era usual en las sentencias de la Inquisición que la condena a galeras no se impusiera en solitario, sino que se solía imponer además una pena accesoria de prisión a cumplir una vez terminado el tiempo de la condena al remo.

 Imagen del pasaje de los galeotes, Don Quijote libera a un grupo de condenados que eran conducidos a galeras. (Parte 1 capítulo 22) extraída:

Imagen del pasaje de los galeotes, Don Quijote libera a un grupo de condenados que eran conducidos a galeras. (Parte 1 capítulo 22) extraída de mnacademiaenlinea

Como se ha mencionado anteriormente, dentro de las mismas galeras se podía condenar de nuevo a las mismas, estas nuevas condenas las imponía el auditor de galeras y las condenas más usuales fueron motivadas por la venta de la ropa que se les entregaba en la galera (a razón de 6 meses por prenda vendida y de 2 años si se vendía el vestuario completo, aunque hubo excepciones en las que se llego a imponer hasta 9 meses por la venta de una sola prenda) y por la fuga de un galeote contiguo en el banco de remo, esta última pretendía fomentar la denuncia por los galeotes de los intentos de fuga de sus compañeros. Pero esta medida no tuvo gran éxito ya que la única ventaja era evitar una nueva condena y a cambio el “soplón” se ganaba la antipatía y hostilidad del resto de galeotes, lo que no le auguraba un futuro muy halagüeño.Por tanto al parecer reinaba una especie de pacto de silencio y protección mutua entre los forzados.

De la condena a galeras estaban exentos los nobles, cuya condena solía ser conmutada por la pena de destierro. Por su parte las mujeres tampoco eran condenadas a galeras, ya que se creía que carecían de la fuerza requerida para bogar y que fomentarían la promiscuidad entre los marineros, la condena de galeras solía sustituirse por el ingreso en la llamada “galera de mujeres” una prisión correccional con unas condiciones muy duras, en sus inicios las internas solo salían de la misma para casarse o camino del manicomio o la sepultura. En la obra de la Madre Magdalena de 1608 esta detalla como debe ser la casa y que mobiliario e instrumental debía tener, y entre estos detalla el siguiente: todo género de prisiones, cadenas, esposas, grillos, mordazas, cepos y disciplinas de todas hechuras de cordeles y hierros» para que las reclusas, «de sólo ver estos instrumentos», se atemorizaran y espantaran.

Casa galera de Madrid. Extraída de Revista Madrid Histórico

Casa galera de Madrid. Extraída de Revista Madrid Histórico

En futuras entradas detallaremos las penas adicionales a la galera, así como la duración de la pena a remo.

Bibliografía:

-MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel, Los forzados de marina en la España del siglo XVIII, Almería: Universidad de Almería, 2011

-Apuntes tomados en clase del profesor García-Molina Riquelme, Antonio.

Las carceles de mujeres. Biblioteca Gonzalo de Berceo. Fiestas Loza, Alicia.