La condena a galeras II

Hoy volvemos de nuevo sobre la condena a galeras, centrándonos en la duración de la misma así como en el inicio y en el problemático fin de la pena.

Una vez que un delincuente era apresado se le conducía a un presidio donde debía de esperar durante desesperantes meses la sentencia que le condujera a su destino, generalmente una galera o las minas de azogue, tras la cual solo podía aceptarla y comenzar cuanto antes el cumplimiento de la pena, o bien apelar la sentencia con la esperanza de conseguir una sentencia más favorable o con ánimos simplemente dilatorios, esto teniendo en cuenta la lentitud de los órganos de apelación suponía un retraso considerable en la ejecución de la pena. Esta larga espera solía posibilitar diversos intentos de fuga en los que primaba el motín y fuga colectiva sobre la individual ya que ofrecía unas posibilidades de éxito muy superiores, esto se veía favorecido además por el estado de masificación de reos y el hacinamiento de estos en las cárceles.

Carcel real de Segovia. Foto extraída de rutas con historia

Carcel real de Segovia.
Foto extraída de rutas con historia

Tras la resolución de su apelación el condenado debía de esperar un tiempo indeterminado hasta que se reunieran los forzados suficientes para que la conducción de los mismos hasta la galera resultara “rentable” o útil. Es durante esta conducción donde se producían los últimos intentos de fuga antes de la entrada en la galera. El trayecto recorría el camino entre la “caja” donde estuvieran depositados los reos hasta la “caja” de embarque en el puerto donde la galera se encontrara. En caso de que la galera no estuviera en puerto en el momento de la llegada del grupo de forzados estos eran de nuevo encarcelados hasta que pudieran embarcar, es en este momento interesante explicar que la condena no empezaba a cumplirse hasta que el forzado entraba en la galera, siendo todo este tiempo de encarcelamiento indeterminado adicional al tiempo de la pena.

La duración de esta pena oscilaba entre los dos y diez años, limites temporales con un marcado carácter utilitarista, como todo el derecho penal de estos siglos (en especial de la condena a galeras en si, cuya existencia era puramente utilitarista), el limite inferior e dos  años tiene su explicación en la necesidad de invertir al menos un año para que el forzado se convirtiera en un buen bogador y resultaba  contraproducente liberarlo cuando se encontraba en su mejor momento y mejor servicio podría prestar. Por su parte el limite máximo deriva del desgaste progresivo que el remo iba produciendo en el forzado, que tras diez años se encontraba envejecido e ineficaz, convirtiéndose más en una carga para la Real Hacienda que en un remero útil. Sin embargo no todas las condenas especificaban su duración acudiéndose a la voluntad del monarca como limite.

Partes de una galera y disposición de los remeros. Extraída de todo a babor.

 

Existían una serie de agravantes cuya concurrencia aumentaban el tiempo de la condena hasta el limite máximo, las más importantes agravaciones provenían de la acumulación de delitos, cuando una misma acción cometía varios delitos (el salteador de caminos atentaba contra la propiedad y a la vez al poseer armas prohibidas atentaba contra el orden público) esta agravación fomentaba la comisión de delitos graves, ya que no se superaba el limite de 10 años salvo que existieran dos condenas diferentes. A esto se unía el uso de la fuerza, la amenaza, el delito en despoblado o camino rural, la nocturnidad o la reincidencia entre otras. Pero estas agravaciones variaban en su cuantía, por un mismo delito, dos tribunales podían imponer penas de cuantía muy diferente, causando una grave inseguridad jurídica.

Otra nota característica de esta pena es el abuso a la hora de retener al reo una vez que este cumplía el tiempo de su condena, esto se agravaba en los periodos de escasez de remeros llegándose a retener a forzados, ya en calidad de buena boya con sueldo, durante varios años contra su voluntad, aunque este hecho fue excepcional. La practica usual era que una vez liberado el reo en Cartagena se le ofrecía un puesto de buena boya en la galera, pero no tuvo mucho éxito debido a las condiciones de vida y la escasa paga. La forma de retención más usual consistió en la imposición de trabas al forzado cumplido para conseguir su libertad, entre ellas destaca la llamada “clausula de retención”, clausula esta que obligaba al remero a solicitar una licencia por parte del rey que acreditara el efectivo cumplimiento del tiempo de condena, esta licencia podía demorarse años debido a la lentitud burocrática de la época, continuando durante ese tiempo el reo como forzado. A la lentitud de la maquinaria burocrática se ha de añadir la falta de información a la hora de solicitar la licencia que motivo la denegación de la misma por deficiencias en la solicitud o por presentarse ante una autoridad incorrecta. Y aún cumpliendo con todos los requisitos, no era segura la concesión de la licencia real para la puesta en libertad, ya que no era raro la denegación sin motivo de la solicitud por parte del rey, debiendo el forzado repetir el proceso en varias ocasiones.

Plano de la ciudad de Cartagena del siglo XVIII de J.J.Ordovas. Extrído de Pinake

Plano de la ciudad de Cartagena del siglo XVIII de J.J.Ordovas. Extrído de Pinake

En posteriores entradas sobre los forzados haremos referencia a las penas accesorias que se imponían a los forzados, así como el fin de la condena a galeras y el trabajo forzado en arsenales de marina.

Bibliografía:

-MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel, Los forzados de marina en la España del siglo XVIII, Almería: Universidad de Almería, 2011. pp 21-55

-Apuntes tomados en clase del profesor García-Molina Riquelme, Antonio.

Malaga y los galeotes Sabersabor.es

Wikipedia